
Una epopeya civil por el agua, la dignidad y el renacer de Riohacha
Sentencia del Agua :
Toda economía revela una idea del ser humano. Cuando el agua se administra únicamente como mercancía, el sediento deja de ser ciudadano para convertirse en cliente.
Al lector
Este segundo cantar continúa el camino iniciado en El negocio de la sed. Si el primero reveló la existencia del conflicto, este intenta comprender sus raíces. No invita a aceptar una conclusión previamente establecida; invita a examinar una pregunta: ¿puede un modelo construido sobre una población mayoritariamente pobre garantizar simultáneamente el derecho humano al agua, la sostenibilidad financiera y la equidad territorial? Las páginas que siguen ofrecen una interpretación sustentada en evidencia y abierta al diálogo ciudadano.
Tenemos la convicción de que el futuro del agua en Riohacha dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para despertar una conciencia colectiva, informada y participativa. Ninguna transformación duradera nace únicamente de una decisión administrativa o de una sentencia judicial; nace cuando una comunidad comprende que el agua es un asunto de todos y asume la responsabilidad de cuidarla, deliberarla y defenderla dentro del marco democrático.
Los Cantares de la Sed nacen de esa convicción. No fueron escritos para clausurar el debate público, sino para abrirlo. No aspiran a sustituir la voz de la ciudadanía, sino a convocarla. No buscan imponer una verdad, sino ofrecer argumentos, evidencias, preguntas y memorias que enriquezcan la conversación democrática.
Creemos en la fuerza de la persuasión luminosa: aquella que no pretende derrotar al contradictor, sino iluminar el camino para que cada ciudadano pueda formarse un juicio libre, informado y responsable. Porque una democracia se fortalece cuando la palabra circula con respeto, cuando la evidencia orienta las decisiones y cuando el bien común prevalece sobre los intereses particulares.
Nuestro mayor anhelo es que estos cantares contribuyan a despertar una ciudadanía que no se conforme con contemplar la historia desde la orilla, sino que decida entrar en ella para escribir, junto a otros, un nuevo capítulo para Riohacha.
Si al terminar este cantar el lector siente el deseo de conversar, de preguntar, de investigar, de disentir con argumentos, de proponer soluciones y de participar en la construcción de un futuro donde el agua vuelva a ocupar el lugar que le corresponde como fuente de vida y de dignidad, entonces este gesta habrá comenzado a cumplir su verdadera misión.
Porque las grandes transformaciones no empiezan cuando cambia un gobierno. Empiezan cuando despierta la conciencia de un pueblo.
Epígrafe Los mercaderes del manantial sagrado
Ninguna fuente nace para un solo sediento.
Hay libros que no envejecen porque fueron escritos para dialogar con todas las generaciones. Uno de ellos es El Principito. En uno de sus capítulos más breves, Antoine de Saint-Exupéry describe un encuentro que, leído desde Riohacha, parece menos una fábula que una profecía.
El Principito, se encuentra con un comerciante que vende píldoras capaces de quitar la sed. Una sola cada semana, promete el mercader, basta para evitar la necesidad de beber agua.
—¿Para qué sirven? —pregunta el niño.
—Ahorran tiempo. Los expertos han calculado que permiten ahorrar cincuenta y tres minutos por semana.
Entonces el Principito fórmula la única pregunta verdaderamente importante:
—¿Y qué hace uno con esos cincuenta y tres minutos?
El comerciante de pildoras magicas responde:
—Cada quien hace lo que quiera.
Ante esta respuesta, el Principito concluye:
—Si yo tuviera cincuenta y tres minutos, caminaría tranquilamente hacia una fuente de agua.
En esa respuesta caben dos maneras opuestas de comprender la civilización.
Una cree que todo puede sustituirse por un producto; la otra entiende que existen experiencias que no pueden reducirse a una mercancía porque contienen algo más profundo que su utilidad. Caminar hacia una fuente no es únicamente buscar agua. Es reconocer que la vida necesita vínculos con aquello que la sostiene.

Riohacha en casi tres décadas, también ha tenido sus mercaderes ofreciendo las mismas pócimas contra la sed pero con membretes nuevos. No llegaron ofreciendo píldoras sino contratos.
A los alcaldes desprovistos de la dignidad del Principito, les prometieron eficiencia, modernización, ahorro administrativo y tranquilidad para las administraciones públicas. Bastaba entregar la gestión del agua a un operador especializado. El mercado haría el resto.
Durante 26 años, tres operadores fueron presentados como la solución técnica para garantizar el derecho al agua. Sin embargo, mientras los recursos públicos crecían y las transferencias nacionales alimentaban el sistema, miles de hogares continuaban esperando el agua como quien espera una lluvia incierta.
La falta de dignidad nos ha llevado a una paradoja que todavía define nuestra historia: cuanto mayor es el dinero que ingresa al sistema, menor es la capacidad del modelo concesional para convertir esos recursos en dignidad cotidiana.
Cuando la pobreza se convierte en mercado, la dignidad comienza a cotizarse como mercancía.
Interludio del Palabrero I
Un niño preguntó al viejo:
—¿Cómo sabe uno cuándo un pueblo empieza a perderse?
El anciano tomó un puñado de arena, dejó que el viento se la llevara y respondió:
—No cuando falta el agua. Los pueblos sobreviven a muchas sequías.Pero, empiezan a perderse cuando dejan de creer que la sed puede terminar.
El anciano guardó silencio momentáneo .
Y, siguió contestandole al inquieto niño: Porque hay verdades que necesitan reposar antes de convertirse en palabra.
Umbral
Sentencia del Agua II
Los territorios no fracasan porque sean pobres; fracasan cuando los modelos desconocen la realidad social sobre la cual pretenden sostenerse.
Proverbio del Manantial
Ningún árbol florece si las raíces cargan un peso mayor que la savia que las alimenta.
Escucha, Riohacha. Eres un pueblo nacido entre el rumor del mar, el polvo del desierto y la paciencia de los ríos estacionales. Este pueblo donde el viento escribe sobre la arena lo que la memoria se niega a olvidar.
Escucha Riohachero: No toda sed nace de la ausencia de lluvia. Existen sequías que no provienen del cielo, sino de las decisiones de los gobernantes. Hay desiertos que la naturaleza dibuja con el viento, y otros que las instituciones levantan con decretos, contratos y silencios.
Este cantar no habla únicamente del agua. Habla de aquello que sucede cuando una sociedad comienza a considerar normal que un derecho dependa de la rentabilidad de un negocio. Habla del instante en que la pobreza deja de ser un desafío que convoca la solidaridad y termina convertida en el fundamento económico de un modelo incapaz de existir sin ella.
Existe una diferencia profunda entre servir a una comunidad y administrar su necesidad. Quien sirve procura que la necesidad desaparezca. Quien vive de ella necesita que nunca termine. En esa diferencia caben veinte años de nuestra historia.
Durante demasiado tiempo se nos enseñó a pensar que la escasez era inevitable; que la intermitencia era un destino geográfico; que la espera era parte del paisaje; que vivir pendiente del horario del agua era tan natural como esperar el amanecer. Pero ninguna generación nace para acostumbrarse a la carencia.
Las mujeres en Riohacha, que madrugan con sus baldes vacíos, los niños que aprenden antes el sonido de un carrotanque que el murmullo continuo de un grifo, los ancianos que aún recuerdan cuando los arroyos acompañaban las conversaciones del vecindario, todos ellos conservan una memoria que ninguna estadística puede borrar: el agua nunca debió convertirse en privilegio.
Los mayores wayuu nos enseñaron mucho antes de que existieran nuestras leyes. Que el agua no pertenece al hombre. El hombre pertenece al territorio que el agua hace posible. Por eso Juya, espíritu de la lluvia, no visita únicamente la tierra; visita también la conciencia de los pueblos para recordarles que toda gota recibida crea una obligación con quienes vendrán después.
Francisco el Hombre comprendió esa verdad. Y, Leandro Díaz convirtió la memoria en canción, cuando Emiliano Zuleta hizo del verso un puente entre los hombres, nos recordaron que existen melodías capaces de salvar aquello que la fuerza jamás podría rescatar.
Hoy necesitamos otro canto. No solo para derrotar al modelo concesional, sino para vencer la resignación. No para individualizar las esperanzas, sino para recuperar la confianza. No para dividir a los riohacheros, sino para devolverles la certeza de que el agua constituye el primer pacto de toda comunidad que desea llamarse civilizada.
Porque los pueblos no comienzan a desaparecer cuando se secan sus ríos. Comienzan a desaparecer cuando se acostumbran a que la sed deje de escandalizarlos.
Ningún modelo económico puede llamarse exitoso si necesita que la vulnerabilidad permanezca para conservar su equilibrio.
Prólogo
Sentencia del Agua III
La pobreza deja de ser únicamente una tragedia social cuando comienza a producir rentabilidad económica.
Proverbio del Manantial
El río nunca factura por el reflejo del cielo
Ningún modelo de concesional existe en el vacío. Todo sistema de prestación de servicios públicos se levanta sobre un territorio concreto, en una demografía específica y en una estructura social determinada. Ignorar esa realidad equivale a construir un puente sin estudiar el cauce del río que pretende cruzar.
La geografía social de la sed
Riohacha no es únicamente una ciudad. Es una comunidad donde la pobreza monetaria supera la mitad de la población; donde cerca de tres cuartas partes de los trabajadores obtienen sus ingresos en la informalidad; donde el noventa y cuatro por ciento de los usuarios pertenece a los estratos 1, 2 y 3; y donde la población wayuu conserva una relación ancestral con el agua como bien común indispensable para la reproducción de la vida.
Sobre esa realidad se implantó un modelo concebido para recuperar costos mediante tarifas y garantizar rentabilidad al operador. Allí comenzó la contradicción fundamental. No es simplemente un problema administrativo; es una incompatibilidad entre la lógica económica del esquema y la estructura social del territorio.
Figura I. La demografía de la vulnerabilidad
* Pobreza monetaria: 53 %.
* Informalidad laboral: 72 %.
* Usuarios en estratos 1, 2 y 3: 94 %.
* Concentración de población wayuu en la periferia urbana.
* Alta dependencia de subsidios públicos.
Figura II. La cartografía de la desigualdad
Figura III. La ecuación imposible
> Baja capacidad de pago → imposibilidad de financiar expansión mediante tarifas → dependencia del Sistema General de Participaciones → insuficiencia de inversión → persistencia de la baja cobertura → mantenimiento de la vulnerabilidad.
Aquí la pobreza no constituye un dato accesorio del modelo. Es la variable que determina su comportamiento. Un sistema diseñado para recuperar costos a través de tarifas difícilmente puede alcanzar equilibrio cuando opera sobre una base de usuarios cuya capacidad de pago está estructuralmente limitada. En tales condiciones, la tensión entre el derecho humano al agua y la sostenibilidad financiera deja de ser coyuntural para convertirse en el rasgo permanente del sistema.
La verdadera riqueza de un acueducto no se mide por sus balances financieros, sino por la tranquilidad con que una madre abre el grifo de su casa
Epílogo
Sentencia del Agua IV
No existe equilibrio financiero legítimo cuando su estabilidad depende del desequilibrio permanente de la comunidad.
Proverbio del Manantial
El puente construido sobre la necesidad termina cayendo con el peso de la esperanza.
En el transcurso de 26 años, nos enseñaron que el problema consistía en administrar mejor la escasez. Hoy el imperativo es otro: Es reconstruir las condiciones para que la abundancia del derecho al agua sustituya la administración permanente de la carencia.
La pobreza no nació para sostener balances financieros. Ningún niño vino al mundo para aprender que abrir un grifo sin agua era parte natural de la vida. Ninguna madre debería calcular la semana según el día en que llegará el agua. Ningún anciano tendría que resignarse a morir esperando aquello que la Constitución reconoce como un derecho.
La historia nos dice que toda sociedad enfrenta un momento decisivo. No cuando descubre la injusticia, sino cuando decide si convivirá con ella o la transformará. Riohacha ha llegado a ese umbral.
El agua continúa llamando a sus hijos por el nombre. La pregunta ya no es si la escucharemos. La pregunta es si tendremos el valor de caminar juntos hacia la fuente.
Crónicas de la constitucion de los Guardianes del Agua en los barrios
En la tarde del 14 de julio,se constituyo un nuevo grupo de los Guardianes del Agua, en el barrio Luis Eduardo Cuellar de la comuna 7, bajo la sombra de los árboles de mangos, las brisas cantarinas del nordeste se amalgamaron con el rumor de las conversaciones compartidas, de vecinos, líderes comunitarios, jóvenes y adultos mayores se reunieron para hablar del agua. No acudieron únicamente a expresar inconformidades. Acudieron a reconocerse como comunidad. Cada testimonio recordó que la sed no es una experiencia individual, sino una realidad que enlaza destinos. Allí, entre preguntas, recuerdos y propuestas, comenzó a tejerse una confianza indispensable para imaginar un futuro distinto.
La Palabra es Tuya
Los Cantares de la Sed nacieron para abrir una conversación pública. Si este cantar despertó preguntas, desacuerdos, propuestas o nuevas miradas, te invitamos a compartirlas con respeto y argumentos. Ninguna comunidad encuentra sola el camino hacia la fuente. La historia de Riohacha continúa escribiéndose entre todos.
La fuente del agua, nos espera
Cuando comenzamos este camino creíamos que veníamos a buscar el agua. Pero hemos venido evidenciando que el agua también nos estaba buscando a nosotros. Nos buscaba para recordarnos que ninguna comunidad sobrevive solamente por la abundancia de sus recursos, sino por la calidad de los vínculos que es capaz de construir alrededor de ellos.
Descubrimos que los acueductos pueden transportar agua, pero solo la confianza entre los vecinos puede transportar esperanza. El proceso nos está enseñando que la infraestructura más importante de una ciudad no siempre está hecha de concreto o de acero: también está hecha de palabras compartidas, de memoria, de cooperación y de la voluntad de encontrarse alrededor de un propósito común. Y también hemos comprendido que los pueblos no renacen el día en que encuentran una nueva fuente, sino el día en que vuelven a encontrarse alrededor de ella.
Por eso, esta obra no concluye aquí. Cada página ha querido ser una invitación a conversar; cada cantar, una puerta abierta a la deliberación; cada historia, un llamado a descubrir que el agua no solo apaga la sed del cuerpo, sino que también puede reconciliar a una comunidad consigo misma.
Si algún legado aspiran a dejar, Los Cantares de la Sed , no será únicamente el de haber documentado una época o denunciado una injusticia. Su mayor anhelo será haber contribuido, aunque sea modestamente, a despertar la conciencia colectiva de un pueblo que decidió volver a caminar unido hacia la fuente. La fuente nos espera. Y hacia ella caminaremos, no como individuos aislados, sino como una comunidad que comprendió que el agua, la palabra y la dignidad sólo alcanzan su plenitud cuando se convierten en bienes compartidos.
Riohacha, tierra del viento, el desierto y el mar, en los días de la recolección de firmas ciudadanas. Julio de 2026
Felipe Santiago Rodriguez R
Investigador socioeconómico,
Escribo para que la memoria venza al olvido, para que la palabra vuelva a reunir a la comunidad y para que las generaciones futuras sepan que la dignidad de un pueblo comenzó el día en que decidió nombrar su sed.
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