Reunion del Curculo del agua barrio Nuesrra Señora del Rosario
“El cardón en tierra mala / ningún tiempo lo derriba / en cambio en tierra mojada / nace de muy poca vida / por eso es que en La Guajira / el cardón nunca se acaba.... Yo soy la planta guajira / que en verano no se ve / y apena' empieza a llover / se ve la tierra tupida / de plantas reverdecidas / a punto de florecer / yo soy el cardón guajiro / que no lo marchita el sol”
— Leandro Díaz, El Cardón Guajiro
Epígrafe
“No está el pueblo condenado por la aridez de la tierra que pisan sus plantas, sino por la estrechez de los horizontes que conciben sus ojos. Quien tiene el sol por testigo y el viento por memoria, sabe que la escasez es el umbral donde se templa la dignidad; pero también sabe que la sed impuesta por el hombre es un crimen que exige justicia.”
— Anónimo Guajiro (Revisitado)
¡FIRMA POR LA SOBERANÍA HÍDRICA Y LA DIGNIDAD DE RIOHACHA!
Desde el barrio Nuestra Señora del Rosario, Comuna 6, el manifiesto de los Hijos del Sol se escribe con tinta, pero se defiende con tu firma. Estamos recolectando los respaldos ciudadanos para convocar el Cabildo Abierto por la Soberanía Hídrica, la Dignidad Ética y la Nulidad del Contrato con Aqualia.
I. La Poética de la Resistencia
«La palabra del juglar no es adorno del viento; es la piedra fundamental donde el pueblo resguarda su nombre contra el olvido y la injusticia.»
La lírica del juglar vallenato no es un mero adorno folclórico; es una matriz de pensamiento, una forma de cronicar las epopeyas populares y un puente intergeneracional y una manera de entender el mundo nacida del desierto. En la tradición oral de La Guajira, el canto es el archivo histórico de un pueblo que ha tenido que aprender a modular su voz al ritmo del viento. Hoy, la emblemática letra de El Cardón Guajiro emerge no solo como una joya musical, sino como la metáfora perfecta y la brújula política que debe guiar la lucha de los riohacheros por el agua. Una disputa que se resiste a aceptar que el líquido vital sea degradado a la condición de mercancía o negocio, reclamándolo como lo que siempre ha sido: un derecho fundamental, inalienable y sagrado.
II. La Herida Material: El Mercado contra el Tejido Social
Reunion del Curculo del agua barrio Nuesrra Señora del Rosario
«Cuando lo sagrado se transa en la plaza del mercader, el pozo se seca para el humilde y los hermanos se miran como extraños.»
Desde una perspectiva sociológica, el modelo de operación y administración del agua implementado en Riohacha durante las últimas dos décadas no solo ha fallado en términos de infraestructura; su impacto más devastador ha sido de carácter vincular. Al centrar el sistema en la rentabilidad financiera de un operador privado, las políticas de mercado introdujeron una lógica de exclusión que atomizó a la comunidad.
Esta mercantilización del bien común trajo consigo pobreza, miseria y desigualdad, pero su obra más catastrófica fue la erosión de los lazos sociales. Nos convertimos en una sociedad fragmentada, donde la escasez individualizó la supervivencia y alimentó el negocio indigno de los carrotanques. Por lo tanto, nuestra movilización actual no puede limitarse a un relevo administrativo —un simple cambio cosmético de logotipos—; debe ser una acción comunitaria orientada a re-sanar las rupturas relacionales y a reconstruir un ecosistema de vínculos que defina un destino convergente.
III. La Brújula Narrativa: El Territorio contra el Olvido
«Territorio que sepulta sus relatos camina a ciegas bajo el sol; quien olvida de dónde brota su agua, entrega las llaves de su dignidad al opresor.»
Un pueblo se define por los relatos que habita y que lo habitan. El territorio que olvida las historias que forjaron sus orígenes se transforma en una geografía alienada, un espacio sin brújula donde la injusticia se acepta como si fuera normal. Los juglares vallenatos han sido históricamente nuestros cronistas de la finitud y la resistencia; ellos sabían que el sol pone a prueba los cuerpos, pero también sabían que la memoria guarda el secreto de la persistencia.
Inspirados en ese arraigo, los riohacheros debemos comprender que cada conflicto, tensión histórica o adversidad contiene en sí mismo la semilla de su propia transformación. No somos una comunidad condenada por sus carencias, sino una colectividad definida por la magnitud de sus sueños y por la voluntad indomable de convertirlos en realidad. En nuestros ojos se hospedan los amaneceres que todavía no han llegado.
IV. La Tecnología de lo Común: Del Yo al Nosotros
«El muro del opresor se levanta con piedra; la comunidad se sostiene y organiza con el hálito de la conversación.»
¿Cómo sanar, entonces, la dispersión a la que nos sometió el mercado? La respuesta habita en la palabra compartida. La supervivencia humana nunca fue el triunfo del individuo aislado sobre la naturaleza, sino el triunfo de los vínculos sobre el aislamiento. Las comunidades se sostienen con conversaciones. La confianza social en Riohacha debe volver a tejerse bajo una premisa clara: la confianza se construye conversando y se destruye dejando de escucharnos.
Cada palabra pronunciada en la plaza, en el barrio o en el Cabildo es una pequeña victoria de la memoria sobre el olvido. Allí donde la palabra circula, la comunidad florece. Es la conversación horizontal la que tiene el poder de transformar individuos en comunidad, experiencias en memoria y la urgencia del agua en un destino compartido. Si la palabra hizo posible el nacimiento primitivo del nosotros, la historia que hoy nos compete escribir en Riohacha es el relato de cómo ese nosotros se organiza y se expande hasta convertirse en una fuerza colectiva imparable.
V. La Dialéctica del Viento y el Sol: Romper la Romantización
«Bienaventurado el pueblo que dialoga con sus heridas, porque entenderá que el dolor no es un destino divino, sino una contradicción que exige ser combatida.»
No nos confundamos: el cardón no elige la aridez por gusto, sino que sobrevive a ella con fiereza. La escasez de agua en Riohacha no es un destino geográfico fatal ni una bendición mística para probar nuestra capacidad de aguantar sufrimiento; es un crimen político y social perpetrado por la avaricia del mercado y la negligencia estatal. Existe una tensión creadora entre la herida y la esperanza, pero esa tensión solo rinde frutos si se transforma en organización material.
Como hijos del sol, hemos aprendido a conversar con la intemperie sin rendirnos ante ellas. Hemos hecho de la resistencia una forma de dignidad. Las estrellas sobre el mar de Riohacha nos recuerdan que nuestro paso es efímero, pero colectivamente podemos brillar con la intensidad suficiente para dejar huellas de luminosidad. Por eso, nuestra conversación ya no puede ser un refugio de lamentos, sino la asamblea soberana donde el diálogo se transforma en barricada jurídica, en exigencia técnica y en movilización popular. Exigimos el agua no para demostrar que podemos soportar la sed, sino para declarar que el tiempo de la sumisión ha terminado.
VI. Conclusión: El Retorno de la Corriente
«Ningún hilo de agua vence al desierto en soledad; es en el abrazo ruidoso de los caudales donde el río se hace dueño del mar.»
Los ríos de nuestra tierra nos enseñan que no nacen caudalosos: comienzan como pequeños hilos de agua dispersos que, en su trayectoria, aprenden a encontrarse. De esa misma forma renacen los pueblos. Riohacha volverá a ser un caudal histórico cuando las memorias dispersas, las voces fragmentadas, los líderes de los barrios y las esperanzas aisladas confluyan en una misma corriente colectiva, capaz de doblarle el brazo a quienes privatizaron nuestra vida. Como el cardón en tierra mala, ningún tiempo de injusticia nos derribará, porque nuestra firmeza es de la misma naturaleza que la tierra que defendemos.
Epilogación: El Canto de las Auroras Radiantes
En esta tierra de contrastes implacables, donde los silencios ancestrales caminan entre la arena y los vientos esculpen la resistencia palmo a palmo, cada amanecer deja de ser un ciclo astronómico para transformarse en una aurora radiante de la conciencia. Este pueblo ha aprendido, a fuerza de historia y de sol, que en los territorios más desafiados y agrietados es donde florecen con mayor vigor las semillas de la esperanza colectiva.
Donde el desierto conversa en voz baja con el mar y la memoria de los abuelos sigue habitando en la brisa marina, las estrellas nocturnas nos recuerdan que siempre existe un horizonte nuevo por descubrir, una travesía justa por emprender y un destino superior que construir con nuestras propias manos. Amasamos la arcilla del tiempo con la certeza de los antiguos salmos: peleamos contra el olvido que nos quiso acorralar, pero al final, la dignidad perderá con nosotros porque el cardón nunca se acaba. Que la corriente vuelva a encontrarse; que el agua vuelva a ser de su pueblo.
Riohacha, 15 de junio del 2026
Movimiento Acuerdo Ciudadano Por el Derecho Humano al Agua y al Saneamiento Básico en Riohacha

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