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2026-05-11

APALABRAR LA SED: LA COMUNA 7 COMO SEMILLA DE DIGNIDAD





Hoy no nos hemos reunido únicamente para firmar una planilla. Hoy nos hemos reunido para apalabrar la sed, llenarla de símbolos y convertirla en torrente colectivo. En el corazón de la Comuna 7, junto a los ediles  hemos comprendido que un pueblo es como un árbol: su altura en la historia es proporcional a la profundidad de su memoria.

Pero esta jornada no es solamente un acto simbólico. Es también un paso concreto en la construcción del Cabildo Abierto por la Nulidad del Contrato de Aqualia y por la defensa del Derecho Humano al Agua y al Saneamiento Básico en Riohacha. Cada firma recogida es una voz que se niega a aceptar que la sed siga administrándose como negocio y no como derecho fundamental.


Andamos empeñados en una labor silenciosa pero necesaria: ayudar a que los habitantes de Riohacha, que durante décadas han navegado en las aguas de la fragmentación y la dispersión, comprendan que la dureza de la adversidad también nos está enseñando algo esencial: sin relato común no habrá comunidad posible.

    ¿Qué significa apalabrar la sed?


Apalabrar la sed no consiste únicamente en pronunciar discursos o repetir consignas. Apalabrar es darle nombre colectivo a aquello que durante demasiado tiempo se vivió en silencio y resignación. Es convertir la experiencia dispersa en conciencia compartida.

Apalabrar la realidad significa sentirla, comprenderla y simbolizarla hasta que deje de ser paisaje cotidiano y se transforme en pregunta ética, memoria viva y voluntad de cambio.

<una comunidad solo puede transformar aquello que logra nombrar con claridad>


Durante años, muchos habitantes de Riohacha aprendieron a convivir con la intermitencia, con las pimpinas, con los carrotanques y con la baja presión como si fueran fenómenos naturales e inevitables. La costumbre terminó ocultando la profundidad de la injusticia.

Por eso hoy insistimos en apalabrar la sed.

Apalabrar la sed es romper el silencio de la normalización.

Es devolverle significado humano al agua.

Es transformar el sufrimiento cotidiano en conciencia colectiva.

Es impedir que la dignidad termine administrada como mercancía.

Y también es algo más profundo: construir un relato común capaz de unir a una ciudad fragmentada alrededor de un destino compartido.

Porque cuando un pueblo logra nombrar su dolor, también comienza a imaginar su emancipación.

Por eso insistimos en apalabrar la sed.

Apalabrar la sed para reconstruir comunidad.

Apalabrar la sed para organizar la esperanza.

Apalabrar la sed para impedir que la costumbre convierta la injusticia en paisaje.


   I. El Almácigo y las Raíces Maestras



En esta mañana del lunes 11 de mayo, la Casa Lúdica del barrio Comunitario se convirtió en nuestro almácigo. Aquí, la palabra compartida removió la tierra de la fragmentación para que dejáramos de ser granos de arena dispersos y empezáramos a reconocernos como el sustrato fértil de una nueva confianza ciudadana.


Riohacha ha vivido profundas transformaciones sociales y demográficas. Pasamos de aproximadamente 85.600 habitantes en 1985 a cerca de 300.000 pobladores en la actualidad. La ciudad se convirtió en receptáculo de múltiples flujos migratorios: desplazamientos provocados por la violencia, crisis económicas regionales, expectativas generadas por la minería, migración venezolana y procesos permanentes de urbanización informal.


En medio de esas dinámicas, miles de familias populares construyeron cerca de 90 barrios mediante invasiones, autoconstrucción y compra de lotes a urbanizadores privados. Esta ciudad terminó convirtiéndose, muchas veces, en un refugio de migrantes: un territorio habitado, sí, pero todavía en búsqueda de comunidad.


Sin embargo, la historia también se mueve dialécticamente. En medio de las dificultades, las periferias han comenzado un lento proceso de acumulación de fuerzas sociales, culturales y éticas. Tal vez estamos próximos a dar saltos cualitativos en la construcción de un relato común orientado hacia un destino superior.


En este ejercicio de enraizamiento colectivo, reconocemos a los ediles de nuestra comuna como raíces maestras de este sistema radicular. Son el primer anclaje de la comunidad; la fuerza que sostiene y expande la red social para que la escucha no sea solamente silencio, sino labranza consciente donde la solidaridad deja de ser un anhelo abstracto y se transforma en la fibra más resistente de nuestro territorio.


Hoy, más que nunca, comprendemos que la defensa del agua exige organización comunitaria, memoria compartida y participación popular. Ninguna transformación estructural será posible si el pueblo permanece fragmentado o aislado de las decisiones sobre su propio destino.


   II. La Geometría de la Raíz: Soberanía y Dignidad


Nuestras firmas son la cofia que perfora el asfalto del olvido. Buscan, por puro hidrotropismo de justicia, las aguas que históricamente nos pertenecen.


No reconocemos la aridez impuesta por un modelo de operación que privilegia la rentabilidad sobre la vida. Frente a ello, invocamos la soberanía hídrica como el derecho legítimo de la tierra a calmar la sed de sus hijos, y la dignidad ética como el único contrato que jamás puede ser concesionado.


Ante la lógica mercantil del operador Aqualia, oponemos el arraigo profundo de la comunidad: el agua no se vende; el agua se defiende como se defiende la vida misma.


Porque no estamos reclamando privilegios. Estamos exigiendo condiciones mínimas de dignidad para miles de familias que hoy sobreviven entre la intermitencia, la baja presión y el doble pago del agua mediante carrotanques.


Y precisamente porque buscamos que el relato no sea únicamente escritura, sino herramienta capaz de apalabrar la realidad y hacerse cuerpo en la conciencia colectiva, queremos compartir una historia narrada por el escritor David Foster Wallace ante estudiantes del Kenyon College:


> “Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y, por casualidad, se encontraron con un pez más viejo que nadaba en sentido contrario. El pez viejo los saludó con la cabeza y les dijo: ‘Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?’

> Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; finalmente, uno miró al otro y preguntó: ‘¿Qué demonios es el agua?

La historia de los peces ilustra una verdad profunda: las realidades más evidentes suelen ser también las más difíciles de reconocer y enfrentar.

Y quizás eso mismo ha ocurrido en Riohacha.

Nos acostumbramos a la intermitencia.

Nos acostumbramos a almacenar agua en tanques y pimpinas.

Nos acostumbramos a comprarle agua al carrotanque después de pagar una factura.

Nos acostumbramos a que la sed hiciera parte del paisaje.

Durante demasiado tiempo, una parte de la sociedad terminó viendo como normal que un sistema de operación privilegiara el lucro sobre la vida.

Por eso hoy insistimos en apalabrar la sed.

Porque un pueblo comienza a despertar cuando logra nombrar aquello que durante años había aprendido a soportar en silencio.


Porque apalabrar la sed también significa devolverle dignidad a la memoria colectiva y transformar el sufrimiento cotidiano en conciencia organizada.


   III. Una Gramática para el Territorio


Rechazamos el vocabulario rupestre del despojo y comenzamos a fundar una nueva sintaxis de la dignidad:

El adverbio como óleo: no permitiremos que se diga que existimos “apenas”. Diremos, con la frente alta, que habitamos soberanamente nuestro territorio.

El gerundio territorial:  nuestra lucha no es un episodio pasajero; es un siendo, un luchando y un construyendo comunidad todos los días.

La gloria de las esdrújulas: lo Único, lo Ético, lo Hídrico. Palabras con el acento en lo alto, como la copa de un árbol que ya no teme a la sequía.

Esta nueva gramática también significa cambiar el lenguaje político con el que históricamente se ha administrado la sed en Riohacha. Ya no aceptamos que la crisis hídrica sea presentada como una fatalidad natural cuando en realidad responde a decisiones económicas, institucionales y contractuales.

Queremos que la defensa del agua como derecho y no como mercancía se convierta también en catalizador de un despertar espiritual, ciudadano y cultural de los riohacheros.

Porque la lucha por el agua no es únicamente una reclamación por tuberías y presión hidráulica. Es también una disputa ética y cultural por el sentido mismo de comunidad, dignidad y futuro.

   IV. La Capilaridad del Destino

Que cada firma recogida hoy sea la capilaridad que transporte la savia del bienestar desde la raíz comunitaria hasta la última hoja de nuestro territorio.

Que la nulidad de lo injusto sea también el abono de lo posible.

Hoy, en la Comuna 7, hemos dejado de ser polvo disperso bajo el viento. Hoy comenzamos a reconocernos como un bosque de propósitos convergentes.

Desde esta jornada reafirmamos nuestro compromiso con:

* el Cabildo Abierto por la Nulidad del Contrato;

* la construcción de una propuesta pública de operación del agua junto a Esepgua y las universidades;

* el acompañamiento institucional nacional e internacional;

* la constitución del Observatorio Ciudadano por el Agua;

* y la defensa permanente de los recursos públicos y del Derecho Humano al Agua.

Porque cuando un pueblo recuerda, su conciencia se vuelve agua.

Y el agua, cuando es libre, siempre encuentra el camino hacia su destino superior.

Tal vez la gran tarea histórica de esta generación sea precisamente esa: transformar un territorio habitado en verdadera comunidad; convertir la dispersión en conciencia; y hacer que el agua vuelva a ser entendida no como mercancía, sino como vínculo sagrado entre la dignidad humana y la vida.

Riohacha, 11 de mayo de 2026

MOVIMIENTO ACUERDO CIUDADANO POR EL DERECHO AL AGUA Y AL SANEAMIENTO BÁSICO EN RIOHACHA


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