4/21/2014

La inequidad de Colombia*




La distribución de la riqueza en Colombia siempre ha sido desigual, pero ha sido agravada por un sistema tributario que acolita que los más ricos paguen muy pocos impuestos.
Por: Salomón Kalmanovitz


Así lo revela un importante estudio de Facundo Alvaredo y Juliana Londoño, quienes son colaboradores de Thomas Pikitty, autor de El capital en el siglo XXI.
Según datos de la DIAN, el 1% de los mayores perceptores de la renta se queda con una quinta parte de la riqueza producida en Colombia, que es uno de los índices más altos del mundo, sólo superado por Estados Unidos. Mientras en este último, los perceptores mayores son ejecutivos que deciden sobre sus exorbitantes salarios, en nuestro caso más tradicional se trata de rentistas y dueños del capital. El índice Gini, corregido por los resultados de la muestra por contribuyente, aumenta de 55 a 59, confirmando la gran inequidad de la distribución colombiana.
En los países desarrollados, la desigualdad disminuye porque el sistema tributario es progresivo: los que más tienen pagan una parte mayor de sus ingresos. Este no es el caso de Colombia, debido a una legislación tributaria que aumenta la inequidad. A pesar de que la tasa marginal del impuesto a la renta es alta comparativamente con la de otros países, de 33%, lo que se paga efectivamente está corroído por unas exenciones muy generosas que terminan con tasas de sólo 7% del ingreso de los más ricos. Esto es menos de la mitad de la proporción que paga la clase media asalariada mediante retención en la fuente.
Hay tres grandes rubros que minimizan la tributación de los más ricos: 1) ingresos no constitutivos de renta, 2) costos y deducciones y 3) rentas exentas. En el primer grupo figuran ahorros para vivienda y pensiones (30% del ingreso es deducible), una gran fracción de las ganancias de capital y las donaciones para partidos políticos. Esto significa que la financiación del cabildeo a favor de los más ricos corre por cuenta del presupuesto nacional.
En el segundo grupo están partidas destinadas a la inversión y obras de caridad, sin límite alguno: donaciones para teatros, museos, becas para pobres y fundaciones sin ánimo de lucro también salen del presupuesto, pero obedeciendo a las decisiones de los más ricos y no de los representantes del pueblo.
En el tercer grupo, que pesa fuertemente en la baja tributación de los más pudientes, está la exención total de los dividendos para los dueños de las empresas. Se considera que el impuesto a la renta que pagan las empresas no se puede castigar dos veces, lo cual es absurdo y no existe en ningún otro país. Figura también el 25% de los salarios que favorece en especial a los ejecutivos de las empresas y el total de las pensiones, incluyendo esas de $25 millones que se pagan congresistas y magistrados.
Este es un tema crucial que ningún candidato a la Presidencia ha encarado con seriedad: Santos hizo una reforma tributaria en 2012 que no cambió las cosas y más bien enredó la legislación; Óscar Iván Zuluaga dice que reimpondrá el impuesto al patrimonio para financiar la guerra sin fin; Clara López, que hará progresiva la tributación, pero no de qué manera, y Enrique Peñalosa se ha pronunciado sobre equidad pero no sobre tributación

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