8/05/2012

La masacre ambiental de La Guajira



La masacre ambiental de La Guajira
El Heraldo, 5 de agosto de 2012
Definitivamente el poder del dinero no tiene límites. En Colombia no sabemos qué hace más daño, si el dinero del narcotráfico o el de algunas compañías mineras que están destruyendo la asombrosa biodiversidad en las regiones de nuestro país.
Hacia ratos no escribía un artículo con tanta rabia de patria, indignación e impotencia, al ver cómo la minería demuele bosques, desvía ríos, desplaza comunidades, destruye pueblos, elimina zonas agrícolas y ganaderas, se pasa por la faja las normas ambientales, privatiza vías, excita la prostitución y aquí no hay autoridad alguna que detenga esta masacre social y ambiental. Cualquier parecido con la película Avatar es pura coincidencia.
Lo que está sucediendo en La Guajira no tiene antecedente. Resulta que el Cerrejón pretende explotar un depósito de 500 millones de toneladas de carbón que se encuentra debajo del curso natural del río Ranchería. Para ello, proyecta desviar su curso natural de 27.5 kilómetros por uno modificado de 4 kilómetros, lo cual traería como consecuencia la pérdida, anualmente, de más de 32 millones de metros cúbicos de agua, que sirven para regar más de dos mil hectáreas de cultivos durante siete meses de sequía.
Afirman los expertos que en dos años se incrementaría el sedimento en la parte afectada del río alterando la calidad del agua y la salud de los ecosistemas acuáticos. Lo másirónico de este proyecto es que Roberto Junguito, presidente del Cerrejón, lo ha bautizado con el nombre de “Primavera”. Qué cinismo.
En el Cesar las compañías Carbones del Caribe, Emcarbón, Norcarbón, CDJ, CMU, CDT, Drummond, Carbones del Cesar y Prodeco no resisten una auditoría seria de las obligaciones que en materia de compensación forestal e inversión social les exige la Resolución 1465 del 2.008, del ministerio de Ambiente, la cual los obliga a desarrollar una propuesta de compensación por sustracción de la reserva forestal de la serranía de los Motilones de un área de 2.607 hectáreas en las cuencas de los ríos Sororia y Tucuy y fuente de agua potable del municipio de la Jagua de Ibirico.
¿Será que Drummond ya sembró las 7.402 hectáreas con especies nativas en las cuencas del caño El Zorro, los ríos Calenturitas y Sicarare?, además de las 3.916 hectáreas de reforestación que debió hacer con especies agroforestales, comerciales y silvopastoriles como compensación por la pérdida de la capacidad del suelo por la excavación minera. Pueda ser que el señor Eike Batista, dueño de la compañía carbonífera Colombia Coal X -CCX- que explota el quinto depósito de carbón más grande del mundo en San Juan del Cesar, no siga este mal ejemplo y conserve el manantial de Cañaverales.
¿Dónde está el control del Minambiente? ¿Será que tendremos que recurrir ante instancias ambientales internacionales? No se trata pues, de atajar el desarrollo económico nuestra región, ni más faltaba. Lo que estamos exigiendo es un desarrollo sostenible balanceado para las partes. !De qué sirve crear miles de empleos nuevos, generar millones de dólares de impuestos adicionales e ingresos públicos por concepto de regalías, si esa bonanza lo que trae es destrucción ambiental y corrupción pública!
Presidente Santos, hace unos meses, durante el acto de presentación de la Política Forestal de su Gobierno, usted afirmó “No podemos seguir permitiendo esta masacre ambiental”, refiriéndose a que en los últimos 20 años se han talado más de 6 millones de hectáreas de bosques en el país.
Por favor presidente Santos, revise estas concesiones, atienda a estas comunidades y emprenda una cruzada seria contra estas masacres ambientales. Ya estamos cansados de tanta injusticia social e ineficiencia de las administraciones públicas.
Por Indalecio Dangond B.
@indadangond
indadangond@gmail.com 
 

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