7/04/2012

Un clamor por el Ranchería



Un clamor por el Ranchería


En el Ranchería están los dolores de una raza, piensa Vicenta Siosi, mientras adora al río, el mismo que ahora quieren sacar de su cauce.


Es trece de junio y en Pancho, un corregimiento de Manaure en La Guajira, están de fiesta. Es el día de San Antonio. Hay una misa a la que todos asisten elegantes. Las mujeres preparan comidas, mientras los hombres participan en la organización de todos los detalles.

Hay que alquilar una lancha para los visitantes, porque la que había se la robaron unos días antes, a pesar de que estaba hecha de autopartes de una camioneta vieja. Sin embargo, era la que servía para atravesar el río, ese del que tanto se ha hablado en el último año, el Ranchería.

Como se sabe, la empresa Carbones del Cerrejón ha venido sosteniendo reuniones con algunos representantes de la comunidad, a fin de dar a conocer la intención que tiene de desviar el río, a fin de aprovechar el mineral de alta calidad que se encuentra debajo del actual lecho, unos 500 millones de toneladas.

Este es el paraíso, dice Vicenta Siosi, la escritora wayuu que, a pesar de no creer en santos hace mucho tiempo, estuvo presente en la escuela, epicentro de la celebración.

Ella, quien también es comunicadora social, nació en la humilde población, pero hace algún tiempo vive en Riohacha, la capital, desde donde se ha puesto al frente de la defensa del Ranchería, el único río que atraviesa la Media y Alta Guajira.

Por muchos años. En el pueblo hay un tanque elevado que nunca funcionó y un pozo de donde se obtiene el agua para las 15 viviendas que lo conforman, sin embargo, la línea de conducción que debía ser un tubo grande elaborado en un material resistente, es apenas una manguera fabricada en Venezuela que se daña constantemente. Es en ese momento que aparece el Ranchería como la fuente de vida.

Según recuerda Vicenta, el único parque que se ha intentado construir quedó por la mitad, pero eso sí, las sillas se alcanzaron a marcar y todas dicen: Alcaldía de Manaure, Parque de Pancho.

Desde allí se divisa el Calancala, como es llamado este tramo del río, que le ha dado muchos momentos de placer y diversión a quienes habitan en toda el área, incluyendo las familias de Riohacha.

El Ranchería nunca se seca en verano, dice la escritora. Por eso las vacas, los caballos, los burros y sobre todo los chivos vienen desde muy lejos a saciar su sed al río. Es la imagen que tiene Vicenta desde que nació y la que ve cada fin de semana que regresa a visitar el pueblo, donde todos y cada uno de los habitantes son familiares suyos.

Pancho queda a cuatro kilómetros de Riohacha y aunque alguna vez fue la capital de La Guajira, cuando esta era apenas una comisaría, sus maltrechas vías de acceso no lo evidencian. Solo el Ranchería sirve como medio de transporte para entrar al pueblo.

Vicenta dice que no se puede olvidar que el río también le da vida a Pancho, cuando las mujeres recogen cerezas, mamoncillos o iguarayas para venderlas en Riohacha. Igualmente cuando se recoge leña del bosquecillo que lo rodea para cocinar, porque no cuentan con gas domiciliario.

Vida sin el Ranchería. El corregimiento de Pancho y el Ranchería son los puntos centrales de la carta que Vicenta Siosi envió al Presidente de la República, en la que le pide su ayuda para impedir la desviación del río y, sobre todo, evitar que su pueblo, al que ella considera su paraíso, se muera.

Ella relata que los funcionarios del Cerrejón llegaron el 28 de marzo de este año a informar sobre el proyecto, pero que mucho antes, en el 2011. Ya habían comenzado con el ‘carameleo’ a los habitantes del pueblo.

La escritora afirma que cualquier día llegó a Pancho un gran paquete con ropa usada y les dijeron que era un regalo de las esposas de los funcionarios de la empresa carbonífera. Fue ahí donde comenzó a sospechar que algo querían, porque antes de eso cualquier petición por parte de la comunidad era negada con el pretexto que ellos no hacían parte de su área de influencia.

Aunque muchos en Pancho, familiares cercanos de Vicenta, están de acuerdo con la empresa y hasta existen actas firmadas con lo que recibirán si aceptan que se adelante el proyecto que hace parte de un plan de expansión del Cerrejón, la escritora asegura que su lucha no se detendrá.

Sostiene que quienes han firmado estos documentos no entienden los perjuicios y los impactos negativos que traerá la desviación del río, simplemente porque Cerrejón no les ha informado claramente sobre esta parte.

A pesar de esto, muchos han mantenido vivo el ímpetu de ser guardianes del Ranchería, sobre todo los viejos, quienes han entendido que si se desvía el río, este se seca y ya no serán necesarios los cayucos y tampoco sus nuevas generaciones podrán ver y disfrutar de lo que ellos han visto y disfrutado.

Entienden que el río hace parte de la historia de Pancho, la que se enseña en la escuela, la que conocen todos sus habitantes, la que se irá extinguiendo si se desaparece el Ranchería. Por eso en el último mes el río es más visitado, se pesca más, se bañan más, como presintiendo que es posible que en el futuro no exista.

También afirma Vicenta que, mientras por un lado en el Cerrejón dicen que aún no han decidido adelantar la desviación del río, por otro ya cuentan con la aprobación de muchas comunidades a través de los procesos de preconsulta.

“¿Cómo es posible que en estos procesos se pregunte si quieren el progreso a través de la expansión, pero no se averigüe si los wayuu aceptan que se seque el río?”, se pregunta Vicenta, como muchos otros que también buscan respuesta a un interrogante: “si no va a haber perjuicios, ¿por qué quieren compensarlos?”

Por eso, mientras espera la respuesta del Presidente, reitera que no cree en santos y que tampoco cree en Santos.

Mientras la carta hace los trámites necesarios, Cerrejón continúa con su plan, porque el cronograma está definido en un libro titulado “Resumen del proyecto de expansión para grupos de interés”.

“Por favor no permita que la empresa extranjera Cerrejón destruya el acuífero que mantiene el Ranchería y seque la única fuente de agua que poseemos. Si se licencia el traslado y empezamos a padecer los perjuicios, no podremos volver atrás, el daño es irreversible”. Así termina su petición Vicenta, esperando que el presidente Santos coloque en su agenda este ruego de los wayuu en La Guajira.

Es el clamor desde Pancho, una de varias comunidades que perderían el paso del río al ser este desviado. “Se dice que habrá más regalías, pero ya La Guajira ha recibido mucho dinero en regalías y eso no se ve por ninguna parte”, remata Vícenta.

¿Quién le responde?

La fe de Vicenta se mantiene firme, aunque está sorprendida por la respuesta que recibió de la Secretaria Privada de la Presidencia de la República el pasado 20 de abril. En ella se le da traslado a la carta a seis entidades u organismos del Estado.

Es decir, la comunicación ya está en el Viceministerio de Ambiente, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en la Secretaría General del Ministerio de Educación, en la Secretaría General del Ministerio de Salud y Protección Social, en la Secretaría General del Departamento de Planeación Nacional, el Viceministerio de Agua y Saneamiento Básico del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio y la Dirección General de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, para su consideración. Hasta ahora ninguno ha respondido, porque ninguno lo ha considerado un tema prioritario.

Lea completa la carta de Vicenta Siosi al Presidente

Por Sandra Guerrero Barriga

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