7/10/2012

¿Hasta dónde llega el derecho al ambiente?


Por: Fernando García Ardila, Unimedios














¿Hasta dónde llega el derecho al ambiente?

Las cifras alarman: la minería de oro a gran escala en Marmato (Caldas) produciría 160 mil toneladas de escombros al día, y en La Colosa (Tolima), 100 mil. Obtener un gramo de oro requiere medio gramo de cianuro y la remoción de una tonelada de roca. Los expertos coinciden en que puede existir minería responsable, pero siempre habrá daños colaterales irreparables.

La “locomotora” minera está en marcha. Prueba de su dinámica son los 12.239 millones de dólares que registró la inversión extranjera directa en el sector energético, las 2,9 millones de hectáreas (ha) destinadas para la explotación a comienzos de este año y los 9.200 títulos mineros adjudicados, sin contar los cerca de 900 que están por asignarse.

Se suma el reciente anuncio del Ministerio de Minas y Energía, según el cual “Colombia ha tomado la decisión de reservar 17,6 millones de hectáreas como áreas mineras estratégicas”. Se refiere a la zona selvática de los departamentos de Chocó, Orinoquía y Amazonas, áreas de reserva natural y hábitat de algunas comunidades indígenas. Ya días atrás había dicho: “donde hay páramo no habrá minería”.

Y, aunque los comunicados sugieren un compromiso con el ambiente y el desarrollo sustentable, también se han convertido en una oferta directa para las multinacionales con “vocación minera”, que apuntan a la explotación de los suelos y subsuelos nacionales. ¿Qué tan responsable y sostenible es esta labor? ¿Qué costos medioambientales tiene para el país? ¿Dónde está la preservación de los recursos necesarios en un futuro?

El biólogo Robert Goodland, exasesor ambiental del Banco Mundial, indica claramente los sitios en donde no debe desarrollarse minería: “las cuencas frágiles, zonas de conflicto, de biodiversidad, de minoría étnica y de riqueza cultural”.

Por su parte, el geotecnista Julio Fierro Morales, investigador del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia, señala que, en efecto, la minería responsable se puede llevar a cabo. Pero precisa que, aunque lo sea, siempre tiene impactos negativos.

“Es necesario entender que es una apuesta en la que se va a perder biodiversidad, ecosistemas endémicos y riqueza cultural, porque indígena minero ya no es indígena. Además, hay que sumar el desplazamiento. Es inevitable que esto suceda”, expresa.

Las huellas de la minería son enormes: medio gramo de cianuro por un gramo de oro; una tonelada de roca (o más) por cada gramo de oro, según estudios de proyectos como La Colosa (Tolima) o Marmato (Caldas).

Las dimensiones son mucho más enormes si se tiene en cuenta que el país posee el mayor número de ecosistemas representados en un mismo territorio: 99; alrededor de 1.600 fuentes hídricas (entre lagos, lagunas y humedales), de acuerdo con cifras del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia; y 34 páramos, que son el 60% de los que hay en el mundo (1.932.987 ha, 2% de la superficie continental del país).

Normativa

No obstante, según el Instituto Humboldt, no existen inventarios biológicos detallados y completos para todo el territorio. De este modo, a la hora de efectuar una acción minera, dice Fierro, la certeza real de las pérdidas es muy vaga, pues hay mucha biodiversidad aún desconocida.

“No se cuenta con una línea base científica previa a los proyectos. No conocemos todo lo que tenemos, por ende, no se tiene claridad sobre las pérdidas. Por ejemplo, la información con respecto al agua, los acuíferos y la contaminación de ese bien es mínima”, afirma.

El problema es que la minería requiere de agua a raudales. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) dice que el país tiene 415.000 km2 de acuíferos (el 34% del territorio colombiano), pero estos están amenazados. De acuerdo con datos de la Fundación Cerrejón, para humedecer vías en un proyecto de ampliación para transporte de minerales, por día se utiliza un volumen de agua que serviría para suplir las necesidades de 200 mil guajiros pobres y unos 20 mil no tan pobres.

Por otro lado, la extracción a gran escala usa una cantidad enorme de compuestos químicos (mercurio, cianuro, plomo, arsénico, etc.), cuyo proceso libera una cuantía mayor de tóxicos que están en la roca y acompañan al oro. El resultado: contaminación de acuíferos (oxidación de las aguas).

“Cuando la minería ya no esté, van a quedar miles de toneladas de materiales a la intemperie, los cuales sufren un proceso de meteorización o intemperismo, también irreversible, que acidifica las aguas”, señala Fierro.

Todo esto se da a pesar de que la Corte Constitucional, en la sentencia C-339, estableció el principio de precaución, que prioriza la conservación del medioambiente, pues prima el derecho colectivo de la sociedad a gozar de un ambiente sano, hoy y en el futuro. Así, el experto resalta: “no hay derechos adquiridos en lo ambiental”.

A cielo abierto

En Colombia, a la fecha, se desarrollan unos veinte proyectos de minería a cielo abierto, entre las que se pueden destacar Cerrejón, en la Guajira; Cerro Matoso, en Córdoba; Marmato, en Caldas; y La Colosa, en Cajamarca, por mencionar algunos.

En la actualidad, se exporta el 95% de la producción de carbón y el 99% de la de oro, que corresponden al 65% de la explotación minera del país. Por su parte, la obtención de materiales de construcción o calizas –consumidas localmente– no alcanza el 12% de los títulos mineros, según el investigador Guillermo Rudas.

De otro lado, la Gran Colombia Gold, multinacional que adelanta el proyecto de Marmato, indica que “la opción de una gran operación de mina a cielo abierto probablemente requiera escombreras para albergar 1.231 millones de toneladas de residuos”, que serían producidas en 21 años, tiempo estimado de la obra. Es decir, 58,62 millones de toneladas por año y 160.000 toneladas por día, mientras que una ciudad como Bogotá o Buenos Aires produce cerca de 5.000 toneladas de desechos diarios.

Por su parte, La Colosa –el hallazgo de oro más grande hecho en el país– pasó de ser un proyecto de 12,3 millones de onzas del metal en 2006 a 24 millones en la actualidad. Este proyecto, en manos de Anglo Gold Ashanti (AGA), podría originar más de 100.000 toneladas de residuos al día. En 18 días originaría los mismos desechos que dichas capitales en un año.

Abraham Korman, vicepresidente ambiental de AGA Colombia, reconoce los impactos de la actividad minera. Por eso, destaca las medidas de prevención y mitigación que han tomado en la parte exploratoria de la zona de influencia: monitoreo de fuentes hídricas, reutilización de la capa vegetal, reforestación. A la fecha todavía no han producido un solo gramo de oro.

Con este panorama, solo resta esperar hacia dónde se inclina la balanza. El paso de la “locomotora” dejará ver si su abanico se sigue expandiendo y si es capaz de minimizar los impactos, tal como afirman los líderes del gremio







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