6/18/2012

Playa, brisa y carbón

Playa, brisa y carbón








Mauricio Vargas

Para el 2014 anuncian el fin del desastre ecológico del carbón en las playas al sur del Rodadero. ¿Será verdad?


Al amanecer del jueves 14, 22 vagones del tren que lleva el carbón de La Jagua a su puerto de embarque entre Santa Marta y Ciénaga se volcaron y derramaron al lado de la vía más de 1.200 toneladas del mineral. Los vecinos cuentan que, aparte del ruido de hecatombe por el descarrilamiento, una nube de polvo oscuro se levantó sobre el área, a pocos metros de la zona turística de Bello Horizonte, donde están los hoteles Zuana, Irotama y Santamar, y varios condominios.
Desde los años noventa, una de las playas más largas y hermosas del Caribe colombiano se ha visto severamente golpeada por el carbón. No sólo por el tren que lo trae de las minas del Cesar -cuyos vagones viajan sin cubierta, con el carbón expuesto al viento- sino por el puerto de embarque que maneja la firma Prodeco, donde el carbón, al aire libre, es cargado a barcazas también descubiertas y de esas barcazas, a los buques mercantes. Basta detenerse unos minutos sobre la playa para apreciar cómo, en cada cargue, vuelan por los aires nubes de polvo negro.
Quienes conocimos, décadas atrás, esas playas de arena blanca y agua cristalina nos dolemos ante la masiva presencia de partículas negras tanto en el agua como en la orilla y ante la nata oleosa que cubre por momentos el mar, producto de la frenética actividad de los barcos que vienen a cargar el carbón y que cubren casi todo el horizonte, que ha dejado de ser bello.
Pero el daño no se limita al polvo de carbón que vuela de los vagones y de los depósitos a cielo abierto en el puerto, ni a las partículas negras en la arena y las olas, ni a la nata de aceite. Hay más. Si uno sale a caminar con los primeros rayos del sol, antes de que los trabajadores de hoteles y condominios limpien la playa, descubre cientos de desperdicios como envases de aluminio y platos de plástico, que no son de origen local. Es la basura que los barcos carboneros lanzan al mar de manera indolente y sin que las autoridades lo impidan.
Además, está el caso del pez león. Aunque se trata de un asunto que acalora discusiones entre biólogos y ecologistas, una de las hipótesis para explicar la presencia de esta especie que ha invadido las aguas de las bahías que van de Ciénaga hasta Santa Marta, e incluso más allá, en el parque Tayrona, y que está acabando con las especies nativas con desastrosos resultados para los humildes pescadores, es que los primeros peces león pueden haber llegado en los barcos carboneros.
¿Cómo? Resulta que esos barcos vienen del Lejano Oriente y para poder atravesar el Pacífico antes de llegar al canal de Panamá, deben llenar sus depósitos de agua del océano, para garantizar su estabilidad. Al regreso, las toneladas de carbón que cargan resuelven el problema. ¿Qué pasa con el agua? Hay protocolos internacionales muy exigentes sobre la forma de evacuarla del barco, pero poco o nada se cumplen en las costas colombianas. De modo que muchos conocedores consideran que el pez león, originario de Oriente, pudo haber llegado al Caribe en los depósitos de agua de los barcos carboneros.
Después de años de pleitos, obstáculos, carameleo e indolencia, por fin la firma Prodeco está construyendo -con una inversión considerable- un nuevo puerto, más alejado de la zona turística, a orillas del casco urbano de Ciénaga. Prometen que el cargue se hará con el carbón encapsulado. Para principios del 2014, el nuevo terminal debe estar en actividad y se supone que el muelle de Bello Horizonte será cerrado. Ojalá sea cierto. No se sabe, sin embargo, qué pasará con el tren ni si seguirá llevando sus vagones destapados. Tampoco se sabe si habrá control sobre los vertimientos venenosos de los buques. Y mucho menos, quién reparará el enorme daño ya causado por este crimen cometido ante la mirada impávida de las autoridades.
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com


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