6/20/2012

El diálogo negado: mega minería, reservas naturales y autonomía


El diálogo negado: mega minería, reservas naturales y autonomía

Si le otorgáramos una conciencia narrativa confesa a cada sector social o campo confrontado en el proyecto de la Locomotora minera en Colombia, la aproximación de sus voces sería la siguiente:

Megaminería: "Mi fuerza económica es el mayor músculo del mundo, doy energía a múltiples actividades, fundamentales para el sistema de vida actual, como el transporte, las comunicaciones, la luz eléctrica (el "Élan Vital" del organismo social).
-En los territorios productores genero pingües ganancias, tanto que nos preguntamos: ¿Qué sería del mundo sin los beneficios de la  megaminería? Desde el petróleo y el carbón hasta las tierras raras (como el itrio y el escandio) para las innovaciones de la alta tecnología. Como respuesta, surge la bisagra Gobierno Nacional y el Gran Capital.
-Reconocemos que todo ello trae sacrificios dolorosos, como enfermedades respiratorias, accidentabilidad, contaminación ambiental; pero asumimos esos "sacrificios" como sangre de abono para la siembra de los necesarios frutos del progreso. En el contexto de esta realidad hemos creado la noción de la minería responsable: respuesta humana a los interrogantes sobre su permanencia en la tierra, en la que se unen la vanguardia ambiental con la tecnología de punta. Tenemos la ciencia y ella nos aleja del suicidio colectivo".
Reservas naturales: "Somos la matriz de la tierra... no entendemos cómo el metabolismo social del Hombre depende del consumo infinito sobre el metabolismo de la naturaleza, su cruel metáfora sería: la del hambriento que cree sobrevivir comiéndose a sí mismo.  
Mis coberturas naturales requirieron de miles de millones de años para su formación: los gélidos páramos, los templados bosques, los protectores manglares, los cálidos suelos xerofíticos..., desde Laurasia y Gondwana, vienen especializando su diversidad biológica, que es el verdadero oxígeno del mundo, y su modelo indivisible: la diversidad cultural. 
El ser humano lo sabe bien: en mis aguas surgieron los primeros diálogos de la evolución, en mis ríos navegaron las simientes de los pensamientos civilizadores, en mis espacios íntimos se perfilaron los rostros de todos los países y en la salud de mis sistemas está el bien estar de su propia naturaleza...
¿Cómo entonces desdeñar la condición sine qua non entre Hombre y Entorno? 
¿Cómo seguir "civilizándonos" a costa de la estructura de nuestra constitución de vida: la Naturaleza?
¿Cómo lograr la armonía Hombre-Naturaleza sin antes llegar al entendimiento Hombre-Hombre?"
Autonomía territorial: "He aquí la inteligencia humana perfeccionando sus sociedades para el buen vivir de todos... luego, ¿cómo lograr estas bondades sin la participación horizontal de todos los habitantes de la tierra? ¿Cómo asumirnos en civilización sin respetar cada pertenencia, presencia y permanencia? ¿Cómo pretende la megaminería ser la fuente real del Élan vital de la sociedad sin la participación autonómica de los pueblos del mundo? Esta participación es lo que llamamos Autonomía: el derecho a determinarse, colectivamente, un camino y un sistema de vida que tiene todo pueblo. Como Autonomía nos preguntamos: ¿si nos asumimos como civilizaciones humanistas, y las autonomías legitiman estas sociedades, entonces de qué fuerzas legítimas proviene la megaminería? ¿Acaso el músculo económico del mundo está por encima de la constitución política de un país? Nos resistimos a creerlo y a aceptarlo. La autonomía de los pueblos tradicionales tiene la creencia de que las riquezas del subsuelo, cual remedios naturales dosificados, fortalecen la vida humana; pero como herramientas de poder económico, esclavizan  y condenan la misma. Las viejas estructuras piramidales se resisten a desaparecer: la acumulación y la autoridad centralista rigen el país. La megaminería carece de megaoídos, nuestra voz se escucha lejos de la soberbia. La verdadera ciencia es la investida de ética". 
Entre la megaminería, las reservas naturales y las autonomías territoriales el Gobierno Nacional actúa sin la ponderación que obliga ser el garante de los derechos  y libertades de los colombianos; así lo demuestra la frase del ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, frente a inversionistas canadienses, en Toronto el pasado 5 de marzo: "... Nuestro trabajo es mantenerles felices", frase lapidaria que empuja al país hacia los tiempos de las Republic Banana's; pero, a su vez, los movimientos cívicos  de las Autonomías Territoriales siguen creciendo en Colombia (La Guajira, Santander, Huila, San Andrés, Tolima, Cauca...) hacia la bisagra: autodeterminación (etnoancestralidad) y desarrollo sustentable. El pulso de este diálogo negado muestra la anemia de la prosperidad de Santos.
Miguelángel López-Hernández
amerindia@hotmail.com 

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