6/10/2012

Cartas al viento

Cartas al viento
 
Sin saber para quien,
Envío esta carta en el buzón del viento.
Juan Manuel Roca
Por Orlando Mejía Serrano
En La Guajira existe hoy un creciente sentimiento de rechazo contra las empresas multinacionales que explotan los recursos naturales del departamento por la forma en que estas mandan y disponen sobre los bienes colectivos, lo cual amenaza gravemente la estabilidad ambiental y cultural de la región, y contra el gobierno nacional por la forma en que este hizo aprobar una ley leonina para el manejo de las regalías que se derivan de esa actividad, lo cual lesiona gravemente las finanzas territoriales.
En el primer caso, la empresa Cerrejón proyecta desviar el río Ranchería en 26 kilómetros para explotar una veta de carbón que se encuentra en su lecho, estimada en 500 millones de toneladas. Y pese a que la voz de los nativos se ha alzado enérgica para rechazar el proyecto, el ministerio de Ambiente y Vivienda ha decidido darle vía libre a la controvertida iniciativa, cuyas consecuencias en el largo plazo son imprevisibles.
Una de las voces que ha puesto en evidencia los riesgos del expansionismo de la multinacional es la de la escritora wayuu Vicenta Siosi Pino quien, en carta dirigida al presidente de la República, Juan Manuel Santos, ha precisado que el desvío del Ranchería sería un golpe mortal contra su pueblo, puesto que “las gentes por aquí viven de pescar en el río (…) lizas, bagres, bocachicos, camarón” o de recoger “cerezas, iguarayas, mamoncillos cotoprix, coas silvestres”. La medida además arruinaría su milenaria actividad agrícola, que inicia cuando “el otoño con sus truenos escandalosos nos avisa de las lluvias…”
En los tiempos de más sequía el Ranchería se convierte en hogar de paso para los wayuu de los lugares más remotos del territorio: “Nunca dejará de sorprendernos ver acampar cerca del río los grandes rebaños de cabras de los wayuu de la Alta Guajira”, señala la autora de La señora iguana, un cuento en el que precisamente Siosi Pino aboga por la preservación del medio ambiente en La Guajira, amenazado ahora no por simples cazadores furtivos sino por formidables maquinarias especializadas en destruir culturas para edificar economías.
Ahora bien: los temores de la reconocida cuentista no son infundados. ¿La razón? “El Ranchería es el único río de los wayuu. La única corriente de agua que atraviesa este territorio ancestral dando vida a nuestra vida”. Y es que el Ranchería es una especie de río-universo donde, además de las actividades económicas, tiene lugar la vida cultural de la comunidad. “Al rio vamos a bañarnos. Es una diversión exultante. Allí se encuentran los jóvenes, se enamoran, fundan lazos de amistad. Las mamás lavan ropa y los pequeñitos aprenden a nadar”.
La naturaleza es generosa con el wayuu: “El río Ranchería no se seca. Cuando arrecia el verano disminuye su caudal. El mar de leva entra a la corriente y trae como ofrenda pescados del océano para alimentarnos…” Y todo ese mundo que tan bellamente describe Vicenta está a punto de ser borrado del mapa por cuenta de la llamada locomotora minera del gobierno nacional. Y como ha ocurrido tantas otras veces, a los afectados se les ofrecen beneficios futuros, que se vuelven pura ilusión, a cambio de su mundo presente, que no será un paraíso, pero les permite vivir dignamente.
El problema es que el espejito que los poderes centrales han utilizado para engatusar a las comunidades fue empañado por ellos mismos: hoy las regalías no son atractivas ni siquiera para los políticos-que se sirvieron de ellas durante más de 30 años-, después de la motilada severa a que las sometió el gobierno Santos en nombre de la lucha contra la corrupción.
El sentimiento de indignación y protesta de la comunidad por estos hechos es cada vez más intenso. Tal vez ello dé lugar a una verdadera “locomotora ciudadana” para oponerse a aquella que pinta tan mal.
 

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